contagió la fiebre rockola a camioneros, familias e impúdicos enamorados.
Al inicio, en Europa, la máquina de discos era infaltable en todo lugar que implicara aglomeración (lease clientes): ferias, parques de diversiones y terminales de tren. Sin embargo, la máquina recién se empezó a producir en masa en 1889. Hace 120 años se inició una revolución en el negocio musical con el fonógrafo con ranura (dato importante) para moneda. Es cierto que solo reproducían una grabación de 2 minutos, pero pronto (1910) los discos hicieron que el nombre cambiara: gramófonos. En el periodo de entre guerras, la máquina se apoderó de la imaginación de ciertos americanos. En 1930 el llamado “Juke-box” ya era un éxito en EE.UU.
En realidad, las recuerdo desde que tengo uso de razón. Toda mi infancia la pasé entre Pisco e Ica. Y allí había muchas rockolas en bares y restaurantes. Primero usaban discos de carbón (se caían y fuiste). Luego vinieron los de 45 r.p.m. Tenían lado A y lado B como único índice”.
“Lo que me gustaba era su sonidazo. Tenían parlantes de 18 pulgadas y un bajo increíble. Con mi mancha siempre decíamos vamos a un rockolazo. Ahora he visto que han salidos unas rockolas con CD. Son bacanes pero es diferente. El sonido analógico era otra cosa. Siempre me acuerdo de una rockola en La Herradura. Era donde mejor se escuchaban los bajos. Era un restaurante...