Han pasado ya cuatro días desde que nos sorprendió la noticia de la muerte de Amy Winehouse. El polvo se asienta y los homenajes y palabras se suceden alrededor del mundo, mientras su familia le ofrece un funeral privado
y las causas de su muerte todavía no son reveladas pues las autoridades
no pudieron determinarlas con la autopsia, de ahí que tendremos que
esperar a los exámenes toxicológicos en unas cuatro semanas. Sin
embargo, más allá del remolino de noticias y recuentos que seguramente
seguirá habiendo en estos días, hoy hemos decidido darle paso a lo más
importante: la música.
Es innegable que todavía es muy pronto para hablar del legado musical de Amy Winehouse.
Por un lado, la cantante sólo nos dejó dos discos y algunas
colaboraciones. Además, su último álbum fue editado hace ya cuatro años,
y sus problemas de adicción la habían tenido un buen tiempo alejada de
su mejor forma (una tristeza por cierto que lo último que recordemos de
ella sea esa horrorosa presentación en Belgrado).
Sin embargo, es indudable que la Winehouse llegó a revitalizar la
escena inglesa con su mezcla de R&B, soul, jazz, reggae y pop,
trayendo consigo una bocanada de aire fresco e irreverencia que se
convirtió en su marca registrada. Su música contaba además con una
influencia indeleble de cantantes de jazz como Sara Vaughan y Billie Holiday,
con quien por cierto compartió un triste amor por la autodestrucción,
aunque en el caso de la Holiday su decisión estaba más que justificada
(su vida hubiera sido perfecta para una telenovela si no fuera porque
fue tan triste que ni siquiera los acostumbrados a los dramas
televisados podrían soportarla).
Amy no sólo poseía un registro vocal magnifico que complementaba con
su propio acento y que se vio influenciado por una niñez musicalizada
por el jazz y sus intérpretes; su voz y estilo ayudaban además a dar a
sus letras una sensación de intimidad e importancia que permitía al
escucha tomarlas con seriedad no exenta de humor. Hay que decir que para
ella siempre fue importante hablar de lo que ya conocía, lo cual por
supuesto nos permitía escuchar bastantes irreverencias y una que otra
grosería. Sin embargo, como ya dije, su voz le permitía salir avante del
reto de cantar de manera directa cosas que en voz de otras personas
sonarían cómicas o incluso tontas.
Una cantante franca con el corazón en la mano, que no por ello dejaba
de ser ordinaria en algunos momentos. Esto se complementaba con su
música que rescataba lo mejor del sonido motown, al que le dio un toque
de modernidad pero que todavía tenía el jazz suficiente para mover
cabezas y pies. En fin, fueron sólo dos discos los que la Winehouse
regaló al mundo, pero que contenían joyas como estas:
1. “Rehab”
Este es el momento de ser honesta y decir que francamente no soporto
esta canción. Si soy sincera, a mí la glorificación de las drogas y las
“almas sufridas” en la música me dan mucha flojera. Sin embargo, en
buena medida no hay mejor canción que ésta para definir a Amy Winehouse.
Trompetas grandilocuentes, un ritmo pegajoso ordenado por la batería y
un bajeo excelente combinado con su necedad de no ir a rehabilitación.
Corazón en una mano con un palo listo para golpear en la otra.
2. “You Sent Me Flying”
Un poco de soul y una cuchara de blues encapsulados en una balada a piano sostenida de principio a fin por su voz y ese fraseo que lo mismo recuerda a Holiday que a Erykah Badu (otra de sus grandes influencias) y aún así sigue sonando a Amy Winehouse. Sentimiento puro con un poco de acidez.
3. “Stronger than me”
La Winehouse tomó muchos de los elementos de la música soul
para construir su propio estilo, aunque en general fue un asunto de
sonidos más que de palabras. Sin embargo, en esta canción Amy ofrece la
actitud fuerte del sexo femenino que recuerda a uno de los himnos más
famosos de este género: “Respect” de Aretha Franklin.
No por esto debemos pensar que ambas canciones se parecen, pues por un
lado, la canción de la Franklin es de ritmos rápidos y metales
omnipresentes que marcan el ritmo a una súper fantástica voz; por el
otro, Amy se toma su tiempo y su espacio para dejar que las notas lleven
el ritmo, mientras que los metales aparecen únicamente al final.
Entonces, ¿por qué la traigo a colación? Pues porque al final, tanto
Aretha como Amy piden un hombre a la altura de las circunstancias y no
vacilan en cantarle, con toda la actitud, las verdades a su pareja en la
meritita cara.
4. “Fuck Me Pumps”
Musicalmente me parece uno de los temas flojos de la Winehouse, sin
embargo, su falta de actitud se compensa con una letra fresca e
inteligente que casi se convierte en rap para contar su historia y
externar su desprecio ante esas chicas que sólo buscan ser la “mujer de
alguien”.
5. “Take a Box”
Un balada soul/pop que muestra que, más allá de la actitud desafiante
y los insultos a la hombría de sus parejas, Amy en el fondo lo único
que quería era encontrar un amor real. El tema parece regodearse en el
dolor de haber perdido a alguien pero aún tener sentimientos por esta
persona. Coros femeninos le dan pie a la voz de Amy para lucirse y ser
la estrella solitaria de esta fiesta.
6. “Back to Black”
Un piano llevando el ritmo, batería y bajo ofreciendo un poco del
swing de los años 60, el pandero aliviando una letra tan descorazonada
como todo lo que Amy nos había ofrecido hasta el momento. Sin duda un
tema digno de nombrar su segunda producción.
7. “You Know I’m No Good”
Una de las grandes diferencias entre su primera producción y la
segunda está en las vestiduras de metales y rítmicas baterías que, más
que esconderse, salen a la luz para darle más ritmo y sabor a los temas.
Esto en buena medida es gracias a la producción de Mark Ronson,
quien vino a darle más poder a los instrumentos y la voz de la propia
Amy en este segundo intento. Desde entonces la cantante ya nos decía que
no era buena, y la verdad es que Back to Black era en buena
medida eso: la confirmación de que a esta mujer el estrellato no le
había venido bien y en realidad lo que estaba buscando era meterse en
problemas. Es una lástima que las almas torturadas sirvan para hacer tan
buenas canciones, porque el costo de crear semejantes piezas a veces
puede ser muy grande.
8. “Valerie”
Un tema más salido de la colaboración entre Mark Ronson y Amy
Winehouse. En este caso la canción no pertenecía a alguna de las
producciones de la inglesa sino al disco de covers que Ronson se armó con algunos de sus amigos. Mientras que la original
era un rock de trompetas pero rock al fin y al cabo, la Winehouse
ofrece un sonido más sesentero con metales más limpios y un ritmo
burbujeante.
9. “Addicted”
A otras cantantes podrán haberles robado las ilusiones, los buenos
momentos, el dinero incluso, pero no a la Winehouse. Para ella lo
importante es la hierba que desapareció y cómo, en cuestión de parejas y
amigos, este asunto de todo lo tuyo es mío y lo mío es tuyo se podrá
aplicar a muchas cosas pero no a las drogas. Con un timbre de voz un
poco más alto que el usual y los omnipresentes metales, la Winehouse nos
ofrece un poco del humor y la palabra directa que realmente hicieron la
diferencia entre ella y el resto de las intérpretes actuales.
10. “Love Is a Losing Game”
En medio de tanta actitud desafiante y picante este tema es un oasis
de tranquilidad lleno de corazones rotos, solitarios y perdidos que no
conciben la vida sin el amor a su lado. Gentiles teclas de piano y
cuerdas esparcidas sostienen la canción para que Amy pueda regodearse en
su dolor y limpiarse las heridas, mostrando que al final, había más en
su vida que drogas y machos mal educados.
Así terminamos este conteo pero, como cualquier lista, aceptamos que
este asunto puede ser muy subjetivo. Así que porqué no nos dicen en los
comentarios cuáles son sus canciones favoritas de Amy Winehouse.